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¿Cómo se vive el día a día en un campamento de CYE?

Paula Benlloch tiene 21 años, es socia de ACECOVA y miembro de FACE Joven. Nos cuenta sus impresiones tras acudir al campamento que CYE (Coeliac Youth of Europe) organizó en Holanda y lo importante que son estos eventos para los jóvenes celiacos.

La primera vez que oí hablar del Summer Camp aún no tenía la edad para participar pero la idea de viajar a otro país sin estar preocupándome de qué comer y si lo que comeré llevará gluten o no me parecía algo maravilloso.

Este año he tenido la suerte de poder ir y la verdad es que ha sido una experiencia maravillosa e inolvidable. Cuando llegué a Nijmegen ya había pasado la hora de cenar de allí pero todos nos dieron una pizza y una cerveza en cuanto dejamos nuestras maletas. Esa noche me senté con algunos españoles y franceses, cada uno tenía una pizza distinta y alguien dijo:”Oye, ¿me dejas probar tu pizza?” y en ese momento me di cuenta de que por primera vez en mi vida ¡podía probar la comida de los demás y compartir la mía! Darme cuenta de aquello me emocionó porque al ser celiaca desde bebé nunca había podido hacer algo así por muy natural que sea para el resto de la gente. Esa noche todos probamos la pizza de todos y yo, a pesar del cansancio del viaje, estaba feliz y relajada porque iba a poder desconectar ese estado de alerta continuo cuando estás comiendo fuera de casa e iba a poder disfrutar al 100% aquel viaje.

Los siguientes días hice amigos de distintos países, los españoles e italianos nos llevábamos muy bien y cuando no comentábamos entre risas que a la hora de cenar de allí, las 17-18, en nuestros países estaríamos reposando la comida estábamos enseñándonos palabras en nuestros respectivos idiomas y viendo que tampoco hay tanta diferencia entre un idioma y el otro.

Entre comida y comida los primeros días hicimos actividades para conocernos todos un poco mejor y quitarnos un poco la vergüenza a hablar en un idioma que no era el nuestro y cuando ya nos conocimos más y estábamos más confiados hicimos visitas turísticas a Amsterdam y al pueblo en el que estábamos alojados. La del pueblo, bajo mi punto de vista, fue la más divertida porque teníamos que encontrar cosas concretas del pueblo (monumentos, puentes, waffles sin gluten…) y hacernos una foto todo el grupo con esa cosa y mandársela a los organizadores para que ellos determinaran qué grupo había terminado el primero.

Eso era por el día ya que por las noches estábamos bailando, bebiendo, jugando y charlando todos juntos y ¡qué bien nos lo pasamos! Creo que de aquellas noches del Summer Camp todos los participantes hemos adquirido la habilidad y experiencia para bailar “La Macarena” y jugar al billar sin problemas.

La última noche y el último día fueron difíciles…no quería irme de allí después de lo bien que me lo había pasado y los amigos que había hecho y al despedirme acabé llorando por todo lo que dejaba atrás y eso que tenía los contactos de todo el mundo y podía seguir hablando con ellos pero siempre se me han hecho muy duras las despedidas.

Espero sinceramente poder estar en el siguiente y poder verlos a todos de nuevo mientras veo otro país distinto y hago más amigos, si fuera por mí ya me estaría inscribiendo para el siguiente.

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